Cuando parecía que todo estaba bien…
En 2020 trabajaba en un hotel importante de mi localidad como jefe de sala. Tenía un sueldo decente, estabilidad laboral y una vida profesional que, desde fuera, podía parecer resuelta. Y en parte lo estaba. Me gustaba mucho la vida de hotel. Quien la ha vivido sabe de qué hablo: compartir momentos con los clientes, recomendar platos y vinos, hablar sobre lugares de la zona, escuchar historias, trabajar en equipo y vivir de cerca bodas, eventos y celebraciones. Lo recuerdo con nostalgia, porque fue una etapa importante para mí.
Aun así, por dentro sentía que algo faltaba. Aunque mi trabajo era gratificante, no terminaba de sentirme realizado. Había una inquietud que no desaparecía y una sensación cada vez más fuerte de que necesitaba un cambio profesional.
La pandemia y un punto de inflexión inesperado
En aquel momento surgió una oportunidad para trabajar como camarero en mi restaurante favorito. Tenía todo lo que buscaba: buena comida, buen vino, buen ambiente, mejor sueldo y mejor horario. Parecía el paso perfecto. Pero la vida, a veces, cambia de rumbo sin avisar.
Empecé en el nuevo local y apenas una semana después llegó la pandemia. Los restaurantes cerraron, fuimos de los primeros en bajar la persiana y de los últimos en volver a abrir. De repente, me encontré en una situación de incertidumbre laboral y personal que no esperaba.
Fue un golpe duro. Siempre he sido una persona inquieta, de las que necesitan estar haciendo algo, aprendiendo o avanzando. Estar parado me costó mucho, pero también me obligó a frenar y pensar.
Cómo descubrí que la tecnología siempre había estado ahí
Durante el confinamiento tuve tiempo para reflexionar sobre mi vida, mi carrera y lo que realmente me interesaba. Entonces me di cuenta de algo importante: desde pequeño, la tecnología y la informática siempre habían estado presentes en mí, aunque nunca las hubiera explorado de verdad.
Mi padre sí se dio cuenta de esa inquietud y me animaba a seguir ese camino desde muy joven, me apuntó a cursos y talleres, me ponía tareas para que desarrollara, pero como dicen: “Nadie escarmienta en cabeza ajena”, y yo tenía “muchos pajaros en la cabeza” me preocupaban otras cosas. Así que, como otras cosas en mi vida, lo dejé pasar, sin darle la importancia que merecía.
Me gustaba desmontar ordenadores, entender cómo funcionaban, conectarlo todo con todo en casa, pasar horas investigando y trasteando. También me atraían los videojuegos, internet y todo lo relacionado con los equipos informáticos. Ese interés no había aparecido de repente; simplemente había estado dormido durante años.
Volver a estudiar con 34 años: el inicio de mi cambio profesional
Dejé pasar el tiempo y seguí trabajando en restauración, pero aquella inquietud seguía creciendo. Empecé a investigar qué opciones tenía para cambiar de rumbo y, entre miedo y vergüenza, tomé una decisión sencilla pero importante: empezar por el principio.
Así fue como descubrí el FP de Grado Medio en Sistemas Microinformáticos y Redes (SMR). Casi al mismo tiempo, me surgió otra oportunidad en hostelería: un puesto de gerente en un restaurante de la zona, con mejores condiciones y seis meses de trabajo al año. Pensé que era el momento adecuado para intentarlo.
En septiembre de 2021 me matriculé en SMR presencial. Tenía 34 años, volvía al instituto, compartía clase con chicos de 16 a 18 años y retomaba horarios, exámenes y rutinas que parecían parte de otra vida. Fue un cambio grande, pero también una de las mejores decisiones que he tomado.
Estudiar informática y trabajar en temporada: esfuerzo y recompensa
Pronto descubrí que la informática me apasionaba de verdad.
Entre abril y junio compaginaba estudios y trabajo. De junio a septiembre, trabajaba intensamente en temporada alta. Vivo en una zona de playa, así que esos meses son especialmente exigentes. Era un ritmo duro: medio año de mucha carga laboral y el resto con la mente puesta en aprender todo lo posible.
No fue fácil, pero sí muy gratificante. Cada esfuerzo tenía sentido porque por primera vez sentía que estaba construyendo algo que conectaba conmigo de verdad.
Finalicé SMR con muy buenos resultados y ganas de seguir aprendiendo
En junio de 2023 terminé el FP de Sistemas Microinformáticos y Redes con nota media de 9,6 y Mención Honorífica en Servicios en Red de segundo curso. Durante esa etapa descubrí además que disfrutaba mucho del scripting en Bash, algo que me hizo sentir especialmente cómodo con la parte más técnica y práctica de la informática.
Acabar SMR no fue un punto final, sino todo lo contrario. Me di cuenta de que quería seguir formándome y profundizar en el desarrollo de software.
De SMR a DAM: el salto a la programación
Después de terminar SMR, me ofrecieron un trabajo como técnico en ruta. Aunque tenía relación con redes, equipos y sistemas, la parte principal del puesto no estaba centrada del todo en la informática que quería construir para mi futuro. Yo ya tenía claro que quería avanzar hacia la programación.
Por eso, en verano de 2023 me matriculé en el FP de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma (DAM). Ahí comenzó de verdad mi camino en el desarrollo de software.
Empecé a aprender programación de una forma más seria, estructurada y constante. Sentía que necesitaba seguir ese camino y comprobar hasta dónde podía llegar.
Mi trabajo actual en consultoría informática
A finales de ese mismo año surgió una oportunidad que esta vez sí encajaba plenamente con lo que buscaba: un puesto en consultoría informática. No lo dudé.
Desde entonces trabajo en un entorno en el que he podido crecer mucho. Empecé como técnico de soporte, cacharreando, arreglando ordenadores, configurando redes e instalando ERP y programas de gestión. Ayudando a empresas y particulares a mejorar procesos mediante la tecnología. Y esa parte me sigue gustando mucho.
En junio de 2025 terminé DAM con media de 7,93. A partir de ahí, y gracias tanto a la formación como al empuje personal, he ido participando en proyectos de programación y desarrollo web: backends en Laravel, landing pages para presencia digital, aplicaciones en Java para mejorar procesos y scripts en Bash y PowerShell para automatizar tareas, entre otros.
Mi siguiente paso: Inteligencia Artificial y Big Data
Actualmente me he matriculado online en el Curso de Especialización en Inteligencia Artificial y Big Data en iLerna. Estoy entusiasmado con todo lo que se abre ante mí.
La inteligencia artificial está transformando la forma en que trabajamos, vivimos y nos relacionamos. Poder formarme en este campo y avanzar hacia un perfil más completo dentro del sector tecnológico es, para mí, una oportunidad enorme. Quiero formar parte de ese cambio y seguir creciendo en un ámbito que no deja de evolucionar.
Una transición profesional real, con dudas, esfuerzo y aprendizaje
Mi historia es, al final, una historia de transición profesional, aprendizaje y superación. He pasado de trabajar como jefe de sala y gerente en hostelería a convertirme en técnico de soporte y programador en consultoría informática. Y cada paso, incluso los más difíciles, me ha enseñado algo importante.
No ha sido un camino recto ni fácil, pero sí honesto. Ha habido dudas, miedo, cansancio y momentos de incertidumbre. También ha habido ilusión, descubrimiento, esfuerzo y muchas ganas de seguir avanzando.
Hoy miro hacia atrás y agradezco haber tenido el valor de escuchar esa inquietud que llevaba tanto tiempo conmigo. Gracias a ello, encontré una nueva vocación en la informática, la programación y la tecnología. Y, sobre todo, encontré una dirección con la que sí me siento identificado.